UN EJEMPLO SENCILLO SOBRE CARGA SIMBÓLICA PSICOANÁLISIS PARA ESTUDIAR LA POLÍTICA

El programa en Psicología Política y Comunicación Digital de APEMI apoya parte importante de sus contenidos en el Psicoanálisis. En una entrada anterior de este Blog nos referíamos a los conceptos de Carga Simbólica y Filtro Emocional. Reconocimiento y legitimidad de la Carga S, desde distintas llamadas a Marx, con ascendencia en Hegel y en conexión con el Psicoanálisis son tramas ampliamente presentes en la historia del pensamiento y en las manifestaciones culturales, como el cine [Ver Karl Marx en el cine (extracto de una huella filosófica) V. Carrillo, 2018].

La Carga Simbólica de cada individuo plantea una demanda de legitimidad dirigida hacia otras CS. La complejísima cuestión del reconocimiento y legitimación a la imagen del otro está presente, por ejemplo, en el pensamiento de Karl Marx, no sólo porque bebiera de Hegel desde su juventud sino por todo el tratamiento dado en su obra a ese nuevo sujeto histórico hijo de una burguesía a la que el Manifiesto reconocía su papel revolucionario, que luego resurge de la explotación capitalista, se provee de unos símbolos distintos y reclama otro protagonismo en la dinámica social.

En términos psicosociales tal cosa no sería posible si ese nuevo sujeto no reclamara un reconocimiento a su imagen y legitimación para la arquitectura de su propia Carga Simbólica.

La misma introducción del Manifiesto, escrito conjuntamente por Marx y Engels, empezaba así:

Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo […] De este hecho se desprenden dos consecuencias: La primera es que el comunismo se halla ya reconocido como una potencia por todas las potencias europeas. La segunda, que es ya hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro comunista con un manifiesto de su partido. Con este fin se han congregado en Londres los representantes comunistas de diferentes países y redactado el siguiente Manifiesto, que aparecerá en lengua inglesa, francesa, alemana, italiana, flamenca y danesa.

De esto, como de otros apartados del texto, extraemos la representación de un deseo edificado alrededor del reconocimiento (como necesidad) y una exigencia de legitimidad (para esa imagen del comunismo entendido como sujeto colectivo y estructuración simbólica madura) que le aleje de esa consideración fantasmal, que de hecho es una negación dialéctica presente en los relatos de las fuerzas reaccionarias.

Este juego (de gran relevancia en Psicología Política) de la dialéctica de la imagen (del comunismo) no ha dejado de complejizarse en más de 100 años. Teniendo uno de sus capítulos especiales, por ejemplo, en la hipnótica y tremendamente exitosa imagen de la hoz y el martillo, adaptada probablemente por miles de organizaciones políticas de los cuatro puntos cardinales.

En la hoz y el martillo observamos algo psicosocialmente fascinante (estratégico para las investigaciones en Psicología Política): una de las manifestaciones más importantes del pensamiento, en este caso de Lenin, la unión del proletariado industrial y el campesinado, está expresamente representada e interpretada en el relato objetivador del líder de la revolución de octubre, que desde su estatus racional pero casi mítico-institucional la irradia al movimiento comunista del mundo entero.

Psicología Política y Comunicación

Una vez hecho esto, el artista ruso Yevgueni Kamzolkin toma los elementos (un par de signos con aparente relación convencional) que podrían considerarse representadores de los dos universos (obreros y campesinos) y a la manera griega (el símbolo como la unión de dos mitades de un objeto roto) edifica algo nuevo: un sistema simbólico donde los individuos pueden ejercerse y experimentar identificación, incluso cierto erotismo, donde reside la propia crónica de todos y cada uno de los miembros de ese sujeto colectivo todavía recién fundado.

Hablamos de una ingeniería simbólica donde pensamiento y realidad, idea y objeto en sí, se encuentran. La potencia del conjunto es de tal magnitud que los hombres y mujeres que lo observan pueden incorporarlo a sus propias cargas simbólicas, sumándolo al marco a través del cual leen la realidad, pueden llegar a exhibirlo en sus espacios físicos vitales como criterio identitario (usando un término de amplio uso en las ciencias sociales).

Al referirse a la hoz y el martillo, el filósofo ruso Alekséi Losev, autor de La dialéctica del mito, diría: Es un signo que se mueve con las masas populares, no constituye simplemente un signo, sino un principio constructivo y técnico para las acciones humanas, así como sus aspiraciones volitivas.

Cuando esas masas, el sujeto nuevo del ideal comunista pensado por Marx, incorporan ese símbolo a su CS, éste pasa a ser parte del todo (una imagen compleja e integral) que reivindica un reconocimiento y legitimidad.

La teorización de la Carga Simbólica permitirá un estudio a profundidad sobre las formas como se edifica el relato del sujeto y los marcos a través de los cuales éste observa e interpreta la realidad, de ahí su importancia para la psicología de la comunicación política.  

(Este texto es un fragmento de los materiales que conforman el programa en Psicología Política y Comunicación Digital de la Asociación Europea de Profesionales y Empresas de la Innovación).