EN DEMOCRACIA HAY UN DEBER MILITANTE HACIA EL CONOCIMIENTO, LA VERDAD Y LA CRÍTICA

Es cierto, cada vez tenemos acceso a más información. Pero al mismo tiempo los acontecimientos se tornan más enrevesados, confusos y engañosos. ¿Cómo es esto posible? Los expertos en comunicación, tal vez desde las orillas más críticas, vuelven a traer un auténtico mar de neologismos tecnológicos con papel reductor. Aunque, como siempre, parte de la respuesta está en una ciudadanía militante en defensa de la verdad de los hechos, el conocimiento y la democracia.

Nos hablan de posverdad, mentira emotiva, realidad como simulacro, la cotidianidad como reality, etc. En efecto, pareciera que la propia sofisticación de todos los dispositivos que forman las redes de comunicación actuara en nuestra contra, si lo que pretendemos es aspirar a una información transparente o algo parecida a los hechos.

Como si la forma en que la “noticia falsa” se difunde en las redes sociales, su claro “efecto contagio”, nos llevara a este limbo donde no es manifiesto qué es cierto y qué es una artificiosa obra de ingeniería del lenguaje y la imagen destinada a impactar en el centro de nuestras percepciones.

El resultado es que la impresión que tenemos de la realidad (política, cultural, etc.) en base a los datos llegados a nuestros dispositivos, es de todo menos confiable. Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que cada criterio de índole político que edificamos a partir de la información llegada desde las redes sociales y una enorme parte de los medios de comunicación del mundo están relacionados con posturas sospechosamente simplistas.

Posicionamientos políticos en el río caudaloso de la opinión pública que carecen de la estructuración necesaria para abordar la enorme complejidad de nuestro momento histórico están entremezclados con esa especie de epidemia antidemocrática donde la verdad de los acontecimientos no existe, sino que es un psico-constructo destinado a alterar la conducta del individuo soberano.

EN DEMOCRACIA HAY UN DEBER MILITANTE HACIA EL CONOCIMIENTO, LA VERDAD Y LA CRÍTICA

Y hablamos de una alteración que navega hacia lo clásico: la impresión que legitima la imagen tradicional que sobre el uso del poder exista en cada colectividad, formación social o país. En lo anterior tienen un papel estratégico las redes sociales y su potencia para influir en las instancias de la subjetividad. Como sabemos, en comunicación política el golpe de efecto tiene su complemento necesario en la repetición y el tiempo de aparición (algo profundamente tecnificado en esta época de transformación digital e información instantánea).

Hoy múltiples analistas reconocen el terrible peligro para las libertades representado en las oscuras campañas que inundan la red de información falsa o manipulada. La finalidad, entre otras, es reemplazar el sueño del juicio más o menos equilibrado por el reino de la confusión donde las opciones extremistas pueden resultar vencedoras. Aclarando, por supuesto, que hoy el extremismo simbólico y psicopolítico es cooptado de forma abrumadora por la ultraderecha (con todo y lo peligrosa que resulta para espacios de libertades como el lentamente construido en la Europa unida).

Si nos preguntáramos para qué sirve la desinformación, ¿qué nos responderíamos? Se trata de una respuesta complicada. Sin embargo, podríamos lanzarnos a decir, en primer lugar, que la desinformación sirve al “corporativo” y también clásico propósito de abolir la democracia y la propia acción política (una cuestión ya nombrada en una entrada anterior de este Blog). Y recordemos que nuestros actuales ecosistemas políticos albergan a partidos que medran en el alboroto y el desconcierto, donde se presentan como la típica y falsa medida correctora del caos social que un espíritu ilustrado solo admitiría en los superhéroes de los cómics.

DEBER MILITANTE HACIA EL CONOCIMIENTO, LA VERDAD Y LA CRÍTICA

De ahí la importancia de que organizaciones y ciudadanos cuenten con suficientes elementos formativos en áreas del saber hoy vitales para ejercer soberanía interpretativa, derechos y el correcto comportamiento en el espacio público, por ejemplo, en Psicología Política y psicología de la comunicación política.

Efectivamente, una mayor pedagogía por parte de los demócratas en la mismísima forma como resulta edificado el mensaje político eficiente (aquel capaz de generar fluctuaciones anímicas y cambios sutiles en la percepción) permitiría que los ciudadanos fueran menos presas de la frase incendiaria y la información sin sustento que busca sembrar el caos en la escena política.

En palabras del profesor Antonio Chazarra en un artículo reciente para El Obrero: Quienes han propiciado todo esto, han logrado que se difumine y oculte, lo que podríamos denominar la faz empírica de los hechos. Hasta tal punto hemos llegado que lo que podríamos llamar, en sentido figurado, el rostro de la verdad de los hechos, no es ya unívoco sino equivoco. Se pueden forjar miles a diario, a gusto del emisor y de sus intereses.

Y, de nuevo, tampoco olvidemos las nefastas consecuencias generadas por la desinformación y el virus de la falsedad informativa en aspectos ahora especialmente sensibles como la salud pública, la lucha contra la pandemia o el cambio climático. En este sentido, es claro que nos referimos a cierta problemática íntimamente unida, rememorando al gran Carl Sagan, a una suerte de quirúrgico intento de extirpar el pensamiento científico crítico. Y la relación de ese proyecto extremista con la gran crisis de los relatos ideológicos sobre el proyecto de la emancipación y el propio descrédito del principio de autoridad y la fórmula democrática.

En resumen, ¿queremos democracia y derechos? Pues bien, entonces tenemos un deber militante hacia el conocimiento, la crítica y la empiria.


MATRÍCULA ABIERTA

Experto en Psicología Política y Comunicación Digital