PSICOLOGÍA POLÍTICA

¿Qué es la Psicología Política? Cuando hablamos de Psicología Política, nos referimos a un campo del conocimiento extraordinariamente amplio, con diferencias de enfoque importantes según estemos en el mundo anglosajón, en Europa continental o en América Latina. Se trata de una rama de la ciencia psicológica lejos de tener unificados sus criterios respecto a los postulados principales que la fundan. Comienzan a destacar enfoques críticos, por ejemplo, en el terreno investigativo y formativo con una preocupación nueva por las influencias sobre los procesos subjetivos.

Así, las investigaciones que pueden inscribirse en Psicología Política normalmente incursionan en otras disciplinas. Con todo, cabe la siguiente generalización: con Psicología P nos referimos al estudio de las subjetividades presentes en las conductas políticas. En concreto, nos referimos al problema de la interacción entre procesos psicológicos y procesos políticos.

¿Qué nos interesa?

A partir de lo anterior, diremos qué en Psicología Política nos interesan las siguientes cuestiones:

  • Que estamos en la realidad "políticamente".
  • Que la comunicación se convierte en política cuando influye en las relaciones sociales.
  • Los procesos cognoscitivos y la forma como "filtran" nuestra impresión de realidad.
  • Las fluctuaciones anímicas y los cambios sutiles en la percepción durante la comunicación.
  • Es decir, el problema del "reconocimiento", la "legitimación" y la "negociación".
  • La psicología de la comunicación política.
  • La "ritualización" de la memoria histórica y la generación de mitos (contenidos psico-políticos).
  • La dimensión psicológica (e incluso clínica) de lo político-ideológico y lo político-jurídico.

Al preguntarnos por la utilidad real de la psicología política nos encontraremos con un debate álgido, cierta idea sobre una ciencia psicológica comprometida con un sujeto en el que son restituidas sus posibilidades de transformación crítica. Estamos describiendo un esfuerzo científico que está decididamente de parte del sujeto.

La crítica y la acción de transformar críticamente se relacionan con uno de los problemas más antiguos de las ciencias sociales: La vigencia de los proyectos de emancipación, entendiendo por ésta (entre otras cosas) la construcción de dosis aceptables de soberanía en los procesos subjetivos. No porque se busque desvelar todo aquello reprimido, sino para recrear una praxis de exploración hermenéutica del sujeto.

La diferencia de planteamientos en problemas de índole psico-política se basa, por ejemplo, en el choque entre la imagen liberal, anglosajona y más “capitalista” del individuo qué, en teoría, tiene un control total sobre la arquitectura política, cultural y socioeconómica dónde está inmerso y su imagen antagonista, un individuo cuyos procesos psicológicos están, en enorme proporción, gobernados por procesos políticos dónde no tiene un verdadero poder de decisión.

Sabemos qué los desarrollos políticos tienen un enorme peso en nuestros procesos subjetivos. Negar esto guarda relación con el viejo proyecto de convencer a las colectividades humanas de qué están en ejercicio de unos derechos y libertades mucho mayores de lo que son en realidad. De ahí que exista un gran interés en Psicología Política (investigativo e incluso terapéutico) por uno de los problemas clásicos de las ciencias sociales: El proyecto de emancipación.

Nuestras sociedades tienden a hacer demasiado rudimentarias las grandes preguntas del pensamiento, por ejemplo, aquellas que giran en torno a la definición y uso de las libertades. En efecto, la “libertad” no es el libre consumo, cuya lógica llega a extenderse a la “libre elección” en las urnas. Al contrario, la pregunta sobre la “libertad” es mucho más filosófica (por lo tanto psicológica) de lo que pensamos.

En una época como la nuestra, colmada de tantas contradicciones, donde la humanidad se enfrenta a retos terribles, como la desigualdad o la crisis ambiental, y la propia ausencia (ya algo relativa en este bien entrado siglo XXI) de un gran relato sobre la emancipación, observamos alguna clase de orfandad y simplicidad en nuestra forma de entender los derechos, las libertades y la aplicación de las leyes.

A partir de lo anterior, ciertas parcelas investigativas en Psicología Política están tomando el problema clásico de la emancipación para realizar una recontextualización. Es decir, comenzar a basar parte de la interpretación sobre el uso de las libertades en las, antes nombradas, dosis de soberanía en los procesos subjetivos.

Lo anterior, por supuesto, es un cometido enorme. Las motivaciones de este enfoque (de implicaciones psico-políticas) son múltiples. Y es que, en ocasiones, parece que pudiera ocurrir cualquier cosa a nivel de sociedad, país o especie. A la vez que nada resulta suficiente para provocar reflexiones de calado acerca de nuestra forma de producir riqueza y cultura, sobre formas menos destructivas de estar en el mundo.

Ahora bien, esta reformulación no está presente en toda la extensión académica e investigativa dónde se apoya la Psicología Política como disciplina. Se trata de esfuerzos todavía jóvenes, pero qué intentan articular publicaciones y acciones formativas con un necesario enfoque crítico. Intentando, por ejemplo, una profundización en la propia arquitectura del mensaje político cuyos componentes de naturaleza psicológica intentan influir en la conducta política y la detonación del voto; buscando proporcionar herramientas para una crítica que cuestione el lugar desde el cual percibimos e interpretamos la realidad sociopolítica y cultural.

En resumen, la Psicología Política es una de esas ramas científicas íntimamente comprometida con las capacidades interpretativas y críticas del sujeto de nuestro tiempo, aquel dónde se demanda una nueva responsabilidad y papel activo en los más importantes retos de la época actual.


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