CIENCIA Y PSICOLOGÍA

La potencia científica de la Psicología siempre ha sido un objeto de debate, por supuesto, extendido a todas sus ramas o especialidades. Sin embargo, la intensidad epistemológica de la Psicología puede verse constatada cuando aplica sus metodologías y enfoques en ámbitos pertenecientes a la cultura, la comunicación o las subjetividades presentes en las conductas políticas.

Conviene no olvidar que vivimos en modelos de sociedad donde los sujetos resultan constituidos de forma instrumental. Esto obliga a que los aparatos científicos dedicados al abordaje de tales sujetos tengan un acervo suficiente para incursionar en el terreno cultural y político-ideológico. Es entonces cuando la discusión sobre la propia racionalidad de los postulados psicológicos adquiere otro matiz.

Podemos observar lo anterior, por ejemplo, en las investigaciones realizadas en el terreno de la psicología de la comunicación política, dónde análisis de naturaleza cuantitativa y cualitativa resultan útiles para estudiar la arquitectura del mensaje político capaz de originar movilizaciones emocionales en los individuos.

PSICOLOGÍA POLÍTICA

Naturalmente, lo antes nombrado vuelve a conectarnos con el interrogante acerca de una Psicología que, en verdad, parece estar al servicio del poder. Pero, al mismo tiempo, podríamos argumentar que una de sus ramas, la Psicología Política, en tanto capaz de comprender la arquitectura del mensaje político que puede modificar sutilmente la percepción sobre una X parcela de la realidad, también codifica todas aquellas herramientas y conceptualizaciones que podrían permitir que un individuo o colectividad conserven dosis aceptables de soberanía sobre sus procesos subjetivos y acciones interpretativas acerca de la materialidad donde se ejercen.

Es decir, en el caso de la ciencia psicológica, la discusión sobre su cientificidad también nos conecta con otro debate vivo en las ciencias sociales, el de ámbitos del saber de los que se espera un compromiso con las libertades y capacidades críticas del sujeto. En Psicología vemos un aparato de la ciencia desarrollado en el propio seno de las formaciones socioculturales.

No olvidemos, por otra parte, que la Psicología se ha desarrollado, digamos, ligada al pensamiento liberal y bajo cierto germen globalizador. Pero al mismo tiempo tenemos planteamientos psicológicos muy ligados a densos relatos de emancipación, entre ellos el pensamiento marxiano o la Psicología de la Liberación.

Claro, no puede obviarse el hecho de que la imagen de una ciencia empírica y experimental (como fuente de legitimidad) impregna profundamente a aquella praxis psicológica conectada con lo institucional y la cultura corporativa. Al mismo tiempo, el cuestionamiento derivado de la cientificidad real de la Psicología y conectado con el “ideal empírico” aparece sospechosamente cuando la fundamentación epistemológica contempla el problema de las libertades y facultades críticas de aquel sujeto del que esperamos una acción transformadora enfocada a aquellas contradicciones que le atenazan, como las derivadas de nuestra forma de crear riqueza y cultura.

Cuando hablamos de procesos subjetivos humanos no es posible aspirar a edificios científicos totalmente libres de influencias o factores no estrictamente científicos. De ahí que suene un poco ridícula la aspiración positivista en Psicología. De hecho, hoy se cuestiona que realmente exista alguna ciencia libre de determinantes históricos e ideológicos.

Una de las claves para profundizar en las motivaciones epistemológicas de la ciencia psicológica ya se dio en los terrenos pertenecientes a la tradición del pensamiento crítico. Nos referimos a ese capítulo necesario en todo enfoque psicológico, el dedicado a los aspectos y las motivaciones filosóficas. En efecto, como se argumenta en el programa en Psicología Política y Comunicación Digital de APEMI, todo problema filosófico es también un problema psicológico y todo problema psicológico es, al mismo tiempo, filosófico.

Esta perspectiva permitió a la historia del pensamiento otros debates de gran calado como el referido al contenido científico del Psicoanálisis (tan valioso como resulta en el estudio de lo psicopolítico) o la dialéctica existente entre ciencia e ideología. No cabe duda de que la Psicología (y uno de sus enfoques clásicos, el Psicoanálisis) cumplen con lo que se espera de una ciencia (a partir de la crítica al empirismo positivista): el trazado de mapas de conceptos y constructos teóricos.

A esto debemos sumar lo anteriormente nombrado: no hay ciencia fuera de la Historia y de sus determinantes sociales e ideológicos. Por lo tanto, la Psicología puede estar impregnada de ideología en múltiples casos, pero como creadora de conceptos y edificios teóricos útiles para el abordaje del sujeto y el sujeto en la colectividad no puede cuestionarse su carácter y templanza como ciencia.


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