SOMOS  NOSOTROS QUIENES HACEMOS PELIGROSO AL SUR

Estamos viendo a los líderes del Norte del mundo cerrando fronteras. Ese Norte donde, inexplicable, todavía se está discutiendo si la obligación de vacunarse en sistemas sanitarios públicos afecta a las libertades civiles y a los derechos fundamentales. ¿Hasta dónde llega nuestra insulsez, nuestra simpleza? No extender toda la ayuda internacional para frenar el virus allí donde las condiciones de pobreza permiten su crecimiento y mutaciones no es otra cosa que encender a cañonazos nuestra propia casa. Estamos viendo una estrategia ya conocida en términos psicopolíticos.

Vladimir Carrillo Rozo

Han pasado unos 17 meses desde el comienzo de la pandemia. Luego de todo este tiempo y de los ingentes esfuerzos para hacerle frente, la situación dista mucho de estar resuelta. Las características que parece mostrar la nueva ola del virus, con sus extrañas mutaciones, dan un testimonio dramático de la forma como estamos enfrentando este terrible reto.

¿A qué nos estamos refiriendo? Pues a lo de siempre.. El Sur del mundo (o una gran parte de él) asomándose a un abismo que hace mucho más que devolverle una mirada aterradora. Y el Norte con su indolente, tradicional (impresa ya en sus genes políticos desde tiempos remotos) estrategia de miedo institucional, amor al dinero y cierre temporal de fronteras.

La OMS nos habla de 5,2 millones de muertes desde el comienzo de este trance de nuestra Historia, otros estudios triplican la cifra. Mientras los análisis económicos dejan escapar su angustia por la crisis de endeudamiento y pobreza que dejará la pandemia durante muchos años. Ahora, cuando la falta de medios, ayuda y solidaridad a la escala global que esto merece, ha facilitado al virus un nuevo asalto, Europa responde con un blindaje ante la (suena ya a tópico) amenaza llegada desde África.

Porque seamos claros, el virus obtiene sus entornos y canales a la mutación en aquellos lugares donde medra con mayor descontrol, por ejemplo, donde la vacunación tiene grandes dificultades para avanzar.

Estamos viendo a los lideres del Norte del mundo cerrando fronteras. Ese norte donde, inexplicable, todavía se está discutiendo si la obligación de vacunarse en sistemas sanitarios públicos afecta las libertades civiles y los derechos fundamentales. ¿Hasta dónde llega nuestra insulsez, nuestra simpleza?

Claro, que el Sur coloque la mayoría de víctimas no es ninguna novedad. Y las veces que la humanidad en su conjunto le ha fallado a la sufrida y castigada África no podrían contarse con facilidad. Sin embargo, en esta nueva situación hay elementos algo distintos. No extender toda la ayuda internacional para frenar el virus allí donde las condiciones de pobreza permiten su crecimiento y mutaciones no es otra cosa que encender a cañonazos nuestra propia casa.

Quien no entienda esto sencillamente se comporta con el cretinismo del que siente amenazada su libertad cuando las autoridades le recomiendan que corra a vacunarse, a la vez que participa sin pudor alguno en todas esas conductas que alimentan los contagios y presión en el sistema sanitario. Estamos ante la temida y cinematográfica escena de la sociedad de fiesta ante la proximidad del desastre. ¿Qué están reclamando? ¿Vivir al límite gracias al contagio?

Sí, parece sencillo negar lo evidente cuando en el Norte del mundo la vacunación ronda en el 70% de la población, con Europa resistiendo en cabeza de sus poderosos sistema sanitarios. Pero la pregunta es, ¿los hombres y mujeres de África, donde esa cifra no pasa del 11% y en donde el virus está presentando sus últimas y peligrosas mutaciones, compartirán esos criterios? ¿Qué pensarán de nosotros cuando les llegan noticias sobre las recientes manifestaciones contra la obligación de vacunarse en el corazón de la Europa unida?

La verdad es que no resistiríamos su mirada sin sonrojarnos. Recordemos que el Sur más empobrecido no ha llegado a recibir ni el 5% de las más de 7000 millones de dosis fabricadas para responder a la pandemia. En efecto, las nuevas mutaciones que están logrando inocular el miedo en Europa y Norteamérica llevan el sello inconfundible de ese 5%.

LO PSICOPOLÍTICO

Pandemia

Nuestros bloques, tan sobrados de maniobras geopolíticas (que incluyen el acaparamiento de vacunas), miran la variante B.1.1.529 con la actitud que ya debería pertenecer a un pasado insoportable: la exclusión, el cierre de fronteras, etc. Y lo que, sin duda, deja su mayúsculo efecto psicopolítico (tan rentable en términos electorales): ha ocurrido o está por ocurrir un soberano desastre, redirijamos todo el relato culpabilizante hacia las víctimas, mediante mensajes que asustarían hasta al lobo feroz.

Así es, dado que en este Blog hablamos básicamente de Psicología Política, no perdamos de vista la forma como se maneja la situación en los discursos. En Europa la vacunación y el dinero público parecían haber devuelto algo de calma, así que vemos agitar la amenaza de la pérdida y la posibilidad de tristezas colectivas futuras, suficientes para revertir la ilusión de un cambio de año que se prometía feliz.

La rentabilidad de lo anterior en psicología de la comunicación política es conocidísima. Es cuando vemos al relato en el poder convertir la pérdida y la tristeza (reales o posibles) en furia y rechazo a lo señalado como fuente del dolor (como en el pasado, algo proveniente del Sur del mundo). Pero hablamos de un rechazo que siempre codifica al miedo tabulado en los discursos, una fórmula de temibles repercusiones electorales.

Como sabemos, nos referimos a estrategias comunicativas que impactan en el centro de las conductas políticas. De nuevo, solo nos queda el llamado a la cordura, que en tiempos de pandemia no es otra cosa que combatir el contagio allí donde las mutaciones son más posibles, entre otras. Pero luego haríamos bien en pensar sobre cómo redefinir la seguridad de nuestras naciones, el concepto de humanidad y la forma como pensamos se ejercen los derechos.


Experto en Psicología Política y Comunicación Digital - MATRÍCULA ABIERTA

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