Curso en Psicología Política y Comunicación de la Fundación UNED

Comprender la implicación sociocultural de nuestra cognición implica cierto retorno a la idea de sujeto y Psicología. Es también comprender que, como individuos, tenemos una lectura filosófica e histórica sobre nosotros mismos. Cuando hablamos de cognición nos extendemos hasta una construcción en dos direcciones: realidad social y subjetividad.

Freud nos legó un sistema de ideas que entendían de una forma profunda que la psicología del sujeto no estaba separada ni era algo fundamentalmente distinto a la Psicología Social o de la colectividad (Psicología de las masas, 1921). Esto nos conduce a que ningún rasgo de la conducta o definitorio de la personalidad está fuera de su respectivo contexto sociocultural.

Distintas áreas de las ciencias sociales generan otras tantas definiciones de sujeto. Tal vez sea conveniente recordar el importantísimo nexo entre Filosofía y Psicología a la hora de abordar la profundidad psíquica del concepto; con la llegada de los estructuralistas en los años 60 del XX vuelve debatirse dónde están sus fronteras. Sujeto nos remite a una formulación que habla de “conjunto singular” (genera complejidad en la reunión de otros conceptos), avanzando más lejos que el Yo, identidad o el rasgo de personalidad.

De esto se deriva que, en tanto sujeto, es único; a la vez que se presenta como íntima e irreversiblemente unido a la cultura. Aquí está una de las cuestiones clave: no hay sujeto sin sistema cultural. Es decir, el “sujeto” no podría ser objeto de estudio ni realidad propia de una especie de avanzada cognición sin todo ese ecosistema semiótico que establece y gobierna unas reglas de comunicación, una arquitectura de signos con su forma de reproducirse.

Desde lo anterior comenzamos a arribar al centro de la cuestión: la idea de “sujeto” expresa una condensación de vivencias (que se codifican desde los procesos cognoscitivos), acciones simbolizantes y ejercicios interpretativos; es decir, ser “sujeto” es estar “sujetado” a la cultura y al orden simbólico.    

Precisamente, uno de los puntos de anclaje de la praxis psicológica es la indagación en los defectos de esa sujeción al lenguaje y la cultura. La primera consecuencia es que, aunque la afección mental tenga cierto rasgo de universalidad, en realidad sus formas y manifestaciones están profundamente contextualizadas en términos culturales y sociales (por lo tanto, también tienen un nexo con la dimensión política y económica de dicho contexto). Los defectos funcionales de la sujeción del “sujeto” a la cultura y el lenguaje pueden ser abordados desde la teoría y la academia, pero su aterrizaje en la realidad cotidiana, callejera y metropolitana es una explosión de dolorosas crónicas parciales. Naturalmente, esto no hace que esos procesos sean menos dialécticos y que no conserven una línea que conectan entre sí los problemas mentales de nuestro tiempo.

Recordemos, desde Foucault en Saber y poder, que en muchas de las grandes contradicciones humanas comunes, que existen a lo largo de la vida social (el sexo, la locura o el crimen), subyace cierta y dramática singularidad. ¿Cómo abordar entonces algo de tal complejidad? Probablemente sea la ciencia de la Historia la que pueda acudir al rescate. Para estudiar un concepto como el de “sujeto” (ese centro de la comunicación) debemos apoyarnos en la Historia, en concreto necesitamos estudiar cómo llegamos a conceptualizar a la imagen capaz de pensar y pensarse.

Así, Historia, Filosofía y Psicología se convierten en disciplinas con diversos terrenos comunes en el mismo momento que nos preguntamos por las incongruencias, ansiedades y demás dramas del sujeto. La razón por la que lo anterior resulta de interés para áreas como la Psicología Política es que los fallos del sujeto sujetado (aquel incompleto, falto de contenido, barrado en Lacan) se desgranan en relación con el otro.

Tengamos presente que hablamos de un sujeto que antes de intentar reflexionar sobre lo que es, ya había resultado narrado por el otro, por la cultura. En otras palabras, la construcción de la subjetividad es una arquitectura que comienza su andadura gobernada por el modelo cultural, rara vez logrará emanciparse sin experimentar una abrupta y grosera salida de todo lo que nos mantiene en una condición civilizada.

En cierta forma, nuestra concepción de sujeto tiene una enigmática relación con la Teoría Crítica: la forma como lo definamos va a depender de nuestra posición en el sistema, del lugar desde donde leamos aquellos anudamientos según los cuales percibimos los objetos sociales. De ahí el, en ocasiones sospechosamente liberal, énfasis en la singularidad; pero que tiene como fin remarcar el interés por la subjetividad: por ejemplo, en esos procesos subjetivos observados en la conducta política.

En sentido de lo anterior, el Curso en Psicología Política y Comunicación de la Fundación UNED contempla en sus contenidos algunas teorizaciones sobre la naturaleza de los procesos cognoscitivos, con objeto de aplicarlos al estudio del sujeto que existe en tanto está inmerso en un determinado contexto político y sociocultural.    

Curso en Psicología Política y Comunicación de la Fundación UNED