PSICOLOGÍA POLÍTICA: TRABAJO, MALESTAR Y ALIENACIÓN

Despertamos cada día, nos estiramos y preparamos el café. Luego pensamos en ir a trabajar (o teletrabajar, según sea el caso). Cuando la jornada llegue a su fin, en millones de casos, existirá la extraña sensación de que falta algo en la ecuación de nuestras vidas, de que nos hemos comportado de forma un tanto “robótica”, de que nos fue sustraído algo, dejando una rara sensación de desasosiego y melancolía por algo pasado… perdido. Pues bien, al pensar en esto, nos podemos encontrar ante un problema de Psicología Política: trabajo, malestar y alienación.

Vladimir Carrillo Rozo

Partiendo de distintos autores, clásicos y contemporáneos, hoy podemos afirmar que la subjetividad autónoma vive un proceso de eclipsamiento durante la actividad productiva, a la vez que distintos grados de euforia cuando sale de ella.

En la sociedad del capitalismo salvaje el individuo no se construye exactamente (construyendo simultáneamente a la sociedad) a través del trabajo. De hecho, puede llegar a de-construirse. En múltiples momentos la actividad productiva se experimenta como una claudicación civil y política.

Recordemos que nuestro trabajo individualiza la acción social de producir. El problema está en los elementos que acompañan esta dinamización: como sabemos, las relaciones de producción necesitan organización y jerarquías. El “agente” que gobierna el todo de esa articulación representada en el trabajo aparece casi como una “necesidad”. Es ese agente el que convierte la relación de producción en “relación social de producción” (en definiciones de Marx).

Hoy en día pocos discuten que el trabajo implica unas jerarquías. Hay un salto conceptual con Marx: al definir la relación jerarquizada (explotado-explotador) como asociada a lo que conoceríamos como “excedente”, aquello producido por el individuo más allá de las necesidades impuestas por el mantenimiento del propio proceso de trabajo. Algunos autores, incluso, originan aquí uno de los primeros rasgos que acompañan los actos violentos humanos que conocemos.

Trabajo-excedente-poder-propiedad-violencia (administrada) fueron fenómenos encadenados de una misma Historia. El "poder" tuvo un desarrollo ligado a la conquista de propiedad. Y recordemos: la fuerza de trabajo genera una riqueza por encima de las necesidades de su existencia, que es apropiada.

PSICOLOGÍA POLÍTICA Y MALESTAR

Luego de estas ideas elementales, retomemos las razones por las cuales el trabajo genera esa extraña sensación de sacrificio. La cuestión aquí no es que el trabajo origine malestar, sino qué o cuál de sus componentes parece oponerse a la plenitud del sujeto. Dado que, hemos de aceptar, que el trabajo es un atributo extremadamente importante de nuestra condición inteligente y cultural. Y es que existe una limitación a la libertad y la creatividad en las nociones clásicas del trabajo en la sociedad industrial que se vieron horriblemente radicalizadas en el relato neoliberal.

Además, esto no ha cambiado a profundidad en los tiempos de la auto-realización personal, digitalización y marca personal. Al contrario, el gran drama de la actividad productiva que genera malestar en distintas intensidades se ha radicalizado con las “tecnologías del crecimiento personal”, que han contribuido a la dolorosa edificación de un relato que legitima la auto-explotación.

Así que hablamos de un desasosiego provocado, que se mimetiza… que aparece como algo distinto a lo que realmente es (incluso en lo referente a las responsabilidades). Estamos ante fenómenos que involucran a la Psicología Social y a nuestra forma política de estar en la realidad.

TRABAJO Y PSICOLOGÍA: ALIENACIÓN

TRABAJO Y PSICOLOGÍA: ALIENACIÓN

El trabajo también se “objetiva subjetivamente”, generando un auténtico terremoto en los procesos psicológicos. Y que, sin lugar a dudas, afectarán de forma muy importante a las conductas políticas. Porque, por ejemplo, pone en marcha fenómenos de alienación, un aspecto básico de nuestros proyectos de sociedad tremendamente relacionado con la Psicología Política.

Hablamos de un proceso (el de la alienación) donde el individuo se ve escindido y cosificado. La palabra viene del latín alienus, una acción que convierte a una entidad animada o inanimada propia en algo distinto que se re-simboliza en otro, convirtiéndose en una especie de espejo opuesto al que lo creó originalmente. Aquel sujeto que pierde ese algo, pasando a ser ajeno y extraño, es el mismo que habrá de estar políticamente en el mundo.

Por otra parte, la alienación capitalista es un fenómeno continuo. La condición de mercancía que se compra y se vende no se detiene. En la alienación hablamos de algo concreto y constitutivo de nuestra forma de vivir en la sociedad del capitalismo.

Recordemos aquí algo importante del pensamiento marxiano, relacionado con la alienación: lo estructural y lo superestructural. En el primero tenemos todo el universo de lo económico-productivo (la base). Mientras en lo segundo encontraremos la otra parte determinante en la Psicología Política: la ideología.

Aquí lo fundamental es que, en tanto mercancía, el sujeto de la alienación arribará a un instante donde dejará de pertenecerse en más de un sentido. Un momento donde es reconvertido: de sujeto que está en el mundo políticamente a parte de las dinámicas con las que se reproducen los grandes mitos del capital.
En esta línea de argumentación, no puede dejar de subrayarse, de nuevo, la tecnológica sofisticación de las técnicas corporativas que han profundizado y ampliado los atributos esperados de lo que se denomina "capital humano".

Ahora bien, la fuerza productiva delega su poder en aquello donde se ha objetivado (es la proto-alienación). Esta pérdida se enquista en el origen del malestar asociado al proceso de trabajo. Aquí tenemos otra razón de importancia central: para que este fenómeno funcione es fundamental la existencia de la, antes nombrada, ideología, algo que evidentemente no es ajeno al interés de la ciencia psicológica.

Podría afirmarse que nuestras sociedades irradian una especie de “imperativo psicológico” que fetichiza y fuerza conductas (a veces presentadas como deseadas) y que resultan útiles para reproducir al sistema.

Cuando los relatos vigentes otorgan un nivel de autonomía mayor del que el propio sistema puede permitirse, aparecen juegos de palabras e imagen que generan fetiches, incluso del propio sujeto. Estos, como sabemos, ocultan sus condiciones reales de existencia, permitiendo una re-integración en la masa. La “masa” es una ingeniería de lenguaje, actividad productiva y repeticiones absolutamente necesaria para la permanencia del poder y la propiedad.

En la masa, los individuos generamos una ilusión neurótica basada en que tenemos soberanía sobre nuestro destino. En efecto, estamos ante un problema de Psicología Política: trabajo, malestar y alienación.

Imagen superior: El Trabant y su mejor amigo en la vieja RDA (Vladimir Carrillo Rozo)

Psicología Política y Comunicación Digital - UNED