Psicología Política una disciplina científica estratégica

Cuando se habla de Psicología Política, de Psicología de la Comunicación Política o de procesos subjetivos presentes en la conducta política, de varias formas pensamos en investigación (incluso en innovación) aplicada a unas esferas o ámbitos de la vida social tremendamente presentes en la forma como estamos en la realidad (y en cómo nos reproducimos como sujetos). Psicología Política: una disciplina científica estratégica, relacionada con el poder y con los umbrales de libertad que el sujeto contemporáneo pueden permitirse.

Vladimir Carrillo Rozo

¿De qué serviría hablar sobre Psicología Política y todos sus anexos si no estructuramos un saber que se traduce en bienestar, expresión, estabilidad psicosocial, proyectos emancipatorios, etc.?

Por supuesto, es importante puntualizar lo siguiente: la investigación sobre los desarrollos psicológicos que se ponen en marcha en las conductas políticas no necesariamente tiene que ver con los criterios clásicos sobre crecimiento económico, productividad, etc., como objetivos relacionados con un X relato político-ideológico que ha logrado incrustarse en los sistemas de creencias y anclajes culturales de una colectividad, sociedad o país.

En efecto, la Psicología Política también sirve para trazar un mensaje político de impacto emocional, capaz de conseguir victorias, por ejemplo, en contiendas electorales. En una entrada anterior de este Blog, nos preguntábamos: ¿Usted vota guiado por sus emociones o vota guiado por la razón? La forma como se configuran los sistemas de creencias en cada territorio codifica, a su vez, la forma como una campaña política intenta “detonar” el voto.

LO PSICO-POLÍTICO Y LA LIBERTAD

Pero aquí nos referimos a otras cuestiones, entre ellas a la indagación en lo psico-político alrededor de un sujeto cuyos criterios o fronteras sobre la “libertad” se relacionan con las dosis de soberanía que puede permitirse en sus procesos subjetivos.

Lo anterior no depende de otra cosa que de la construcción de un saber acerca de varios fenómenos propios de la existencia en un contexto sociocultural, como la forma en que el discurso y la imagen de trascendencia político-ideológica impactan con los procesos cognoscitivos.

Es decir, en los términos que resultarían propios de la Psicología de la Comunicación Política se considerará que el mensaje político eficiente es aquel que, al interactuar con los P cognoscitivos básicos y superiores, provoca cambios sutiles en la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el pensamiento. Esto, por supuesto, se simbolizará en la mismísima manera en que estamos en la realidad. Y recordemos que una especie como la nuestra está en la materialidad políticamente.

Así, pues, la investigación (e innovación) en Psicología Política es algo íntimamente relacionado con el poder, no cabe duda. Pero también (e incluso en mayor importancia) con el siempre inacabado problema de la emancipación y el desarrollo social. Es decir, nos encontramos ante una disciplina científica que haríamos bien en clasificar como estratégica.

PSICOLOGÍA POLÍTICA EN LA ERA DIGITAL

Ahora bien, estamos describiendo un problema moderno. ¿Pero qué hay de todos los cambios traídos con la transformación digital? Acordemos lo siguiente: la tecnología (y no hablamos solo de Internet, también de Inteligencia Artificial, Ciencia de Datos, etc.) actúa como una suerte de re-estructurador tecno-atmosférico. Aquel contexto sociocultural donde estamos de una forma política se ha visto extraordinariamente transformado en tiempos recientes.
Los consumos culturales, la socialización, nuestras simbolizaciones y pertenencias se vienen a convertir en artefactos tecnológicos (además, virtuales en gran medida) engranados con otros artefactos de escala mayor (casi superestructurales).

En sentido de lo anterior, Salerno (2013) afirma: “Si aceptamos la consabida hipótesis de Mc Luhan y Ong, a partir de la cual la imprenta es considerada como un elemento fundamental en el proceso de socialización y constitución de la subjetividad moderna, podemos arriesgar, a modo de hipótesis, que la aparición de las nuevas tecnologías basadas en plataformas digitales colaboran, en alguna medida, en la constitución de una nueva forma de subjetividad, que abandona el imaginario lineal-racional de la modernidad para abordar una nueva constitución que, momentáneamente y por comodidad, denominaremos rizomática. De hecho, a menudo se identifica a lo digital con lo no-lineal, y sus interfaces de acceso priorizan la imagen, lo simultáneo y lo múltiple” (p.6).

Efectivamente, la vinculación entre desarrollos psicológicos y desarrollos políticos asiste a fenómenos relativamente nuevos en la época de la transformación digital. No solo porque hoy la acción comunicativa transcurra con otra complejidad y a otra velocidad, también porque todo parece ser masivo a la vez que caótico, múltiple a la vez que incomprensible. En esas proporciones, la Psicología Política ya no puede marchar de forma independiente respecto a la Comunicación Digital.

Esto se ve, de cierta forma, acentuado en los nativos digitales, donde cualquier impacto psicológico del mensaje debe partir de variables también relativamente nuevas. Por una parte, tenemos la permanente hiperconexión (parece que la propia cotidianidad se ha convertido en espectáculo sin fin, poco interesante y continuamente transmitido en vivo). Pero también tenemos ese fenómeno según el cual la información fluye en multicanal, demandando al usuario simultaneidad en su procesamiento, vemos muchas historias y estados que reclaman atención al mismo tiempo.

Los fenómenos antes nombrados y otros, cómo no, tienen un impacto en el lenguaje. Sobre los cambios en el lenguaje que trae la digitalización de las relaciones sociales (entre ellas las políticas) hay diversas teorizaciones. Podría afirmarse que esta clara inclinación de los nativos digitales por lo gráfico (un realismo que se pretende hiper-aumentado) e icónico, por la manera hiper-textual de explorar el conocimiento escrito (Salerno, 2013) implica que el lenguaje y los mismísimos relatos políticos sufran una involución estructural, que se vean inundados de neo-logismos tecnológicos con papel reductor (basándonos en Lyotard).

Es decir, el mensaje político que pretende hacer blanco en algún orden de las percepciones, durante la era de la transformación digital, es escandalosamente simple. Incluso, podría igualmente decirse que, entre más complejo en contenido sea dicho mensaje, menos posibilidades tendrá de movilizar la emocionalidad y simbolismos que se ven comprometidos en la conducta política.

En estos nuevos escenarios, la Psicología Política como disciplina estratégica se ve también algo complejizada: sus campos de interés no desaparecen, pero sí viven transformaciones.

Nota bibliográfica:

Salerno, N., 2021. ¿Qué tienen de nuevo las nuevas subjetividades?. [online] Universidad de Palermo. Recuperado de: <https://fido.palermo.edu/servicios_dyc/publicacionesdc/cuadernos/detalle_articulo.php?id_articulo=8654&id_libro=407> [Acceso el 15 de febrero de 2021].

Psicología Política y Comunicación Digital - UNED